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Apitoxina, Cera y Jalea

son productos de la secreción Endógena de la abeja, sufriendo variaciones de acuerdo al estado de la colmena, temperatura ambiente y alimento disponible.

Miel, Polen y Propóleos

son elaborados con elementos externos que la abeja modifica y enriquece. Así, al néctar de las flores, con un 80% de agua se lo enriquece con enzima y varios elementos más que le dan sus propiedades, a la vez que se lo deshidrata llevándolo hasta un 18 – 20% de agua. El proceso que sigue el néctar es ingestión/regurgitación-deshidratado. La abeja lo enriquece con su secreción salivar. En el caso del polen, de granos microscópicos, la abeja los va adhiriendo y compactando con su saliva hasta hacer la clásica pelotica. Luego lo compacta en las celdillas cubriéndolo con miel si no hay cría para alimentar. Este es el llamado “pan de abejas”; mucho más rico que el polen en su composición, pero más difícil para extraer, elaborar y presentar.


Aún el hombre no había poblado la tierra, y ya las abejas trabajaban afanosamente, logrando así la sabia naturaleza una de las mayores muestras de organización colectiva y perfecta especialización individual. Cita Moisés Asís "la apiterapia es la disciplina que estudia el cuidado de la salud y el tratamiento y curación de las enfermedades mediante el consumo y aplicación de los productos apícolas. Documentos de civilizaciones anteriores llegados a nuestros días, nos permiten suponer que ya el hombre primitivo andaba a la caza de la miel. Hace 6 000 años los chinos recomendaban la miel como medicamento, y se dice que los egipcios hacían expediciones y conservaban la carne en barriles llenos de miel, así como otras culturas, entre ellas la hebrea, la griega, hindú, persa, romana no pasaban por alto las valiosas propiedades de los productos de las abejas. El auge de la apicultura primitiva se le atribuye al siglo XVI e inicio del XVII, decreciendo en el siglo XVIII como consecuencias de la tala de los bosques, y el desarrollo de la industria azucarera.